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Descubre la Fascinante Historia de la Casa Histórica de la Independencia en Tucumán



En este blog nos especializamos por compartir los mejores consejos para renovar tu casa con las últimas tendencias y en esta fecha tan especial... cómo no hablar de la casa más famosa de Argentina y cómo sobrevivió a todas las reformas estructurales a las que se la sometió. Te contamos un poco!



Desde los años cuarenta, la Casa Histórica de la Independencia ha sido un museo y ha sufrido varias modificaciones para lograr su fachada actual, que se asemeja a la del edificio donde las Provincias Unidas proclamaron su independencia en 1816. La trayectoria del edificio más reconocido de Tucumán fue marcada por la construcción y la demolición. Y una fotografía fue esencial para la renovación final.



Fachada restaurada de la Casa Histórica de Tucumán de la Independencia Argentina en 1943
Fachada restaurada de la Casa Histórica de la Independencia en 1943

 

En el año 1869, Ángel Paganelli tomó una fotografía de la Casa Histórica sin tener conocimiento de que esta imagen sería crucial para la reconstrucción que se llevaría a cabo más de 70 años más tarde, cuando casi nada de la construcción original, excepto el Salón de la Jura, se había destruido.

 

La casa original fue construida por Francisca Bazán y Miguel de Laguna en el siglo XVIII. La historiadora Valentina Mitrovich, responsable del Área de Investigación del Museo Casa Histórica, afirmó que esta casa era en realidad una donación de ella. El primer gobernador de la provincia, Bernabé Aráoz, consideró que la construcción sería beneficiosa en vista del Congreso que se llevaría a cabo en Tucumán. La experta añadió que en ese momento no había muchas casas grandes que pudieran albergar a esa cantidad de personas. Además, enfatizó que en el pasado, la casa había sido utilizada por el Ejército Revolucionario como un refugio de guerra.

 

No obstante, en un futuro cercano, la relevancia y brillo de la Casa Histórica desaparecerían. La historiadora explicó que en 1817, el Congreso se muda a Buenos Aires debido a que Güemes informa que los realistas llegaron desde el Norte y que era necesario ubicarlo en un lugar más seguro. Por lo tanto, el abandono comenzó a penalizar la construcción.

 

En 1874, la situación cambió cuando el Estado Nacional registró la red de telégrafos y la asignó como sede al Edificio de Correos y Telégrafos Nacionales y al Juzgado Federal. Durante su mandato presidencial, Domingo Faustino Sarmiento fue el principal impulsor de la red de telégrafos, ya que creía que era un elemento esencial para unir y unir a todo el país. Uno de los carteles del museo de la Casa Histórica de la Independencia muestra cómo en 1873 se adoptó el telégrafo como medio de comunicación en Argentina, en lugar de las señales de humo y fuego utilizadas por los oficiales o soldados de los ejércitos durante las guerras de Independencia. La casa fue reformada por completo para albergar sus nuevas funciones. El pabellón del frente, junto con sus pórticos, y las habitaciones del ala sur del primer patio, fueron destruidos. El texto también indica que solo el salón de la jura permaneció intacto.



Salón de la jura de la independencia Argentina en la Casa Histórica de Tucumán
Salón de la jura de la independencia intacto

Cabe destacar el mobiliario que aún se conserva de aquella época, responde al estilo Reina Ana del cual hablamos en profundidad en nuestro tercer episodio del podcast #CaféConEspuma


 

Demoler y reconstruir, parte II

 

Una nueva demolición llegaría después de la transferencia del Correo. Mitrovich destacó que con Roca en su segunda presidencia en el siglo XX, se decide intervenir. La experta explicó que se construye un edificio llamado "El Palacete". Se trataba de un pabellón de arquitectura francesa que se asemejaba al de la Casa de Gobierno. "Había un gran patio en la entrada de la casa, con rejas enormes y barrocas; el techo estaba decorado con cabezas de puma", agregó. La idea de confianza en el progreso fue acompañada por una obra monumental.

 

Una vez más, se logró salvar el Salón de la Jura. Mitrovich explicó que se lo cubrió, se le hizo como una pequeña casa y se lo rodeó con un gran techo de vidrio, así como con una especie de atrio para cuando se dieran los discursos presidenciales. Lola Mora creó los murales y la estatua de la Libertad en la plaza Independencia durante ese tiempo.

 

 

Demoler y reconstruir, parte III

 

Hasta 1942, el Palacete permaneció. La década del 30, cuando Argentina tuvo sus primeros gobiernos militares, estuvo marcada por un nacionalismo católico conservador. La historiadora enfatizó que existía un fuerte sentimiento de patriotismo. En ese contexto, surge la idea de valorar y resaltar los lugares que tuvieron un impacto en la historia de Argentina.

 

"En 1941, esta Casa se convierte en monumento nacional", destacó. En ese momento, se tomó la decisión de restaurar la fachada colonial del edificio, con el fin de dejar atrás El Palacete con su estilo característico europeo. La Comisión Nacional de Monumentos y Lugares Históricos eligió al arquitecto Mario Buschiazzo para la reconstrucción de la Casa Histórica. La fotografía de la fachada que Ángel Paganelli había tomado en 1869 fue esencial para su proyecto. Además, empleó planos y testimonios de la Dirección Nacional de Arquitectura de 1874.

 

Mitrovich destacó que el arquitecto contactó a varias familias patricias de Tucumán para solicitar su donación de tejas y otros elementos necesarios para llevar a cabo la reconstrucción. Al final, el 24 de septiembre de 1943, coincidiendo con la Batalla de Tucumán, se inauguró la Casa Histórica con el estilo colonial típico de 1816. Pedro Pablo Ramírez, quien también es militar, presidió la inauguración. Desde entonces, se ha arraigado en el imaginario colectivo de los ciudadanos argentinos, a pesar de que muchos no tienen conocimiento de todas las demoliciones y reconstrucciones que ha sufrido.



Antes y después de la Casita de Tucumán
Pasado y presente de la Casa Histórica de Tucumán

En esta ocasión, al igual que en ocasiones anteriores, el Salón de la Jura permaneció inalterado, tal como se hizo en 1816.







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